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¿Qué es el Slow Travel?

El Slow Travel es una forma disfrutar tus viajes de una manera más profunda, pausada y aprovechando algunas alternativas que no están disponibles con los regímenes de visita de un turista convencional.

Se trata de una forma de experiencia en donde se busca la inmersión dentro del lugar.

Cuando viajamos con una limitación de tiempo, nuestra disposición para disfrutar un destino también es limitada. En la mayoría de los casos, esa limitación tiene que ver con seguir las formas habituales en las que se visita el lugar. Si aún no lo conocemos, nos hacemos una idea de lo que éste será mediante la experiencia de otras personas. Experimentaremos a través de la mirada de los demás que nos lo recomendaron e influenciaron en nuestra decisión.

Si lo abordamos desde nuestra propia cultura y asentamiento base, los puntos de referencia se dirigirán todos hacia el mismo sitio: nuestra casa y realidad cotidiana. Esto sucede en el turismo de vacaciones.

Si pudiéramos comprender los lugares tomando como referencia nuestra propia forma de ser, la experiencia pasaría por nuestra propia lupa. Dejaría de estar anclada a nuestras rutinas y costumbres usuales y abriría el espacio para empezar a absorber y aprender de estos nuevos destinos.

¿De qué sirve un viaje sino presenta una experiencia única o promueve algún tipo de cambio en nuestras vidas?

Dejar tu cultura para tomar la ajena

Dentro de cualquier experiencia existen algunos elementos que siempre se repiten: tiempo, emoción y memoria.

Cuando viajamos con un tiempo limitado, nuestra sincronización con el lugar ocurre desde nuestra propia cultura. Comparamos con situaciones cotidianas de nuestra vida, planteamos pros y contras desde nuestros propios parámetros y sacamos conclusiones que sólo servirían en nuestras estructuras.

Es como si hiciera mucho calor y pasáramos por una manguera de riego haciendo lluvia solo para refrescarnos un poco. Solo tenemos tiempo para usar esas gotitas, humedecernos un poco y volver a nuestro estado habitual. La experiencia puede traer un pequeño pico de emocionalidad lo cual brinda el contenido suficiente de memoria sobre el lugar como para compararlo con lo que actualmente tenemos.

Apurados por ver nuestro destino lo más rápido posible.

En cambio, cuando el tiempo es ilimitado, decidimos sumergirnos tranquilamente en el agua fresca. El tiempo deja de ser un factor limitante y se convierte en uno receptivo. Cuanto más tiempo y experiencias tenemos en estos lugares, más parecido a una gran piscina o un parque de diversiones acuático resulta.

Las nuevas experiencias amenazan nuestras estructuras y las provocan. Algunas dependen de un timing específico o de un tiempo de procesamiento prolongado. Otras incluyen desvestirse para tirarse a la pileta desnudos y permitir que el agua llegue a lugares que nunca se tocaron con una simple lluviecita. Estas experiencias se vinculan con la memoria desde otra fuente y se arraigan para producir nuevas estructuras con alternativas diferentes a las que conocemos.

Qué queremos intercambiar con el destino

Pregunta importante para hacernos a la hora de decidir sobre un destino Slow.

Cuando viajamos en la forma turística tradicional, absorbemos información más o menos de la misma manera. Nos trasladamos a un lugar, vemos o planeamos de ante mano qué vamos a hacer y nos volvemos a casa. Nos plantean los tours, atractivos y paseos que ya están establecidos como una "ruta". La transitamos y luego opinamos y sacamos conclusiones. Esto representa una actitud reactiva.

Ahora, si por el contrario, pudiéramos ir con una actitud abierta y plantéaramos la experiencia nosotros, esto cambiaría. Claro, al no conocer el lugar, resulta muy difícil saber qué experiencia tener allí desde otro sitio. Para eso debemos proponernos abrir el juego, explorar e improvisar.

Desde el propio destino podemos ver los movimientos como un fantasma. Podemos contemplar los colores de las hojas en los árboles del otoño en la Patagonia,  también presenciar un debate futbolistico en las calles de Brasil o percibir la cantidad exacta de cigarrillos que se fuma un parisino en un bistró. Podemos también como fantasmas encontrar más de un punto favorito para tomar un buen café y asignar rincones que nos pertenezcan solo a nosotros.

¿Qué tipo de experiencias pretendes vivir?

Es interesante pensar en los viajes desde una mentalidad proactiva. Normalmente, cuando imaginamos nuestra experiencia en una zona desconocida la planteamos desde la permeabilidad que vamos a tener hacia ella. “Qué tendrá para ofrecerme este lugar”. En cambio, cuando ponemos nuestras ideas e intenciones a andar para nuestras experiencias, él funciona para nosotros.

Decidimos qué vamos a hacer, nos posicionamos con un imaginario libre a partir de romper la barrera del tiempo. Postergar actividades, reorganizar tiempos con soltura, aceptar un día lluvioso, perder dinero y tener que juntarlo de nuevo, comprender que los días festivos modifican nuestros programas, respetar el horario de siesta en un pueblo y viajar como sardinas en un bus local son todas situaciones necesarias para comprender un lugar de manera íntegra. Ser atravesado por todas estas coyunturas a veces embarran o agitan la estadía, pero la hacen más real y nutritiva.

Contemplación & Calma

Viajando Slow el timing cambia y por ende la forma de abordar nuevas experiencias. El tipo de vínculo con la gente y con las dinámicas del lugar es más sólido, comprende un enlace más memorable y la relación es un real intercambio.

Al tachar algún item de la lista de los "Must See" y relajando los horarios de la agenda nos encontramos viviendo o descubriendo nuevas experiencias sorpresa que resultan más memorables y simbólicas. Por otro lado, lograr tener problemas y solucionarlos, descubrir costumbres y actitudes de la gente que pueden perturbarnos o incomodarnos nos hace ser más reflexivos, solidarios y tolerantes con el mundo, que es mucho más complejo que el que vemos por la ventana de nuestra casa u oficina.

Dependiendo de qué plan económico tengas, la estadía Slow también resultará más ventajosa en términos costo-beneficio. Si logramos llevar una vida como nómada digital o analógico, el asentamiento durante unos meses puede reducir gastos mediante la búsqueda de alquiler mensual o semestral, podemos descubrir mercados y restaurantes locales de gran calidad y bajo costo, sacar pases mensuales de transporte o alquilar uno propio reduciendo sustancialmente los gastos y el estrés del viaje programado.

¿Cuánto tiempo necesitas estar allí?

En realidad no se necesita cumplir con una determinada cantidad de tiempo para “lograr” ser un Slow Traveler. Esto implica el cómo nos tomamos el viaje, cómo accionamos a lo que se nos presenta y cómo deseamos vivir el lugar. ¿Deseamos vivirlo por nosotros o por lo que nos dicen que hagamos?

Se puede establecer un turismo que resulte provechoso desde el lado de la experiencia sin tener demasiado tiempo. En vez de asignar 2 días en cada ciudad de una región durante los 15 días que tenemos de vacaciones, decidir pasar la totalidad en un lugar solo podrá soltar la tensión de tener que rápidamente pasar y pisar el sitio, sacar una fotito para el recuerdo porque no nos dio tiempo a vivir algo memorable y volver a nuestra rutina de siempre.

Si queremos vivir los lugares, el tiempo es el que nos deja hacerlo. Plantea el aire necesario para sufrir las situaciones ordinarias, establecer nuevas costumbres y alterar nuestros paradigmas.

Pasar 1 o 2 meses puede ampliar mucho nuestra visión de un espacio. De todas maneras, se vuelve muchas veces escaso para lograr conocer las dinámicas del lugar, saber que te gusta y que no, acostumbrarte al lugar en el que estás parando, saber si la próxima volverías a disfrutar y sufrir de lo mismo, etc. No malinterpretemos, es mucho más intenso y jugoso que uno, o varios, viajes de 15 días, pero digamos que queda un poco trunco para vivir una cotidianidad que profundiza nuestra experiencia.

Postergar una juntada, agendar una excursión que dura dos jornadas, trabajar por 5 días seguidos, descansar y trasladarte, recorrer y volver a casa cansado para salir al otro día. Ahí ya se te fueron 15 días. En el medio es posible que debas hacer trámites de estadía que demanden varios días, que tardes en encontrar lugar para asentarte o en encontrar un vehículo que se ajuste a tu economía. Cuando te quieres acordar ya pasaron los dos meses que te propusiste y no tuviste chance de vivirlo con tranquilidad.

Teniendo el doble de tiempo en un lugar la cosa cambia. Generas costumbres con él. Te nutre de hábitos y puedes llegar a tener implicancia sobre él. Es interesante saber que uno también puede llegar a dejar su huella en las personas, actividades y sistemas propios de la región. Generar relaciones lleva tiempo, gestionar tus actividades y los de personas culturalmente diferentes lleva aún más. Por eso 4 meses es un buen número para lograr eso. Creo que este tiempo es lo mínimo para establecer algún tipo de huella que te permita tener una idea sustancial de la gente, costumbres y formas cotidianas locales.

Con 6 meses te sentirás un auténtico local. Podrás decir “Viví en Calcuta” si es lo que quieres probar. Saber de qué se trata un lugar incluye desprenderse del propio por un tiempo. Saber lo que significa para los locales la comida callejera en Penang va a incluir una serie de entradas que no son posibles de ver en viajes de menos tiempo. Se necesitará descargar la maleta cultural que todos llevamos y disponer de espacio para llenarla con estas nuevas formas. La permeabilidad es clave para poder abrirla y llenarla con cosas nuevas, verse atravesado y marcado por él. De la misma manera y con esa vulnerabilidad, uno puede marcar el lugar y decidir sobre cómo le va a implicar. Nos proactivamos.

Dejando por un rato nuestra maleta cultural.

Fundamentalmente se trata de un ejercicio de aceptación y despojo. La comparación es lo que atraviesas con el viaje Slow. Cuando dejás de compararlo con tu antiguo hábitat comprendés el actual mucho mejor. Aceptas las cosas como son y dejas que entren más fluidamente. Pero, eso no significa que por pasar 2, 4, 6 o más meses te tomes el viaje de esta manera. Es la mentalidad, no el tiempo.

¿Slow o no Slow?

Saber que existen otras posibilidades de experimentar es siempre excitante. Algunas personas lo buscan naturalmente, otras no están dispuestas a hacerlo o ni siquiera están al alcance de ser conscientes de ello.

Comparar los viajes con nuestra propia cultura es simplemente decir “mirá eso que está ahí”. Uno marca algo para voltear la mirada y compartirlo, pero no es más que una confirmación de que algo existe.

Agarrarlo y utilizarlo, llevarlo consigo y tocarlo, resulta sin duda una experiencia más enriquecedora. El tiempo es uno de los factores claves para que esto suceda, pero la exposición y la apertura definirán la integración de las nuevas experiencias y cómo influenciarán nuestra vida.

Si buscamos

✖︎ Mimetizarnos con el lugar y la cultura

✖︎ Fundar nuestra visión sobre el destino

✖︎ Corresponderse a la nueva cultura de manera permeable

✖︎ Acortar gastos

✖︎ Hacer una planificación de viaje prolongada

entonces el Slow Travel será para nosotros.

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